Un país desarrollado como España no debe, tras agotar sus propios recursos pesqueros, expandirse por los mares del mundo privando a otras poblaciones más pobres de sus medios de subsistencia, porque agrava la situación de esas poblaciones y las empuja a una resistencia que desemboca en aventuras violentas y salidas militares. La solución hay que buscarla en casa, adaptándose a unos ecosistemas dañados y gestionándolos mejor (por ejemplo, con la piscicultura como alternativa a la pesca), y adoptando medidas previsoras para que nadie se quede sin trabajo y sin fuente de ingresos. Es inquietante que se esté haciendo exactamente lo contrario: optar por la huida hacia delante y por un neoimperialismo ecológico reforzado militarmente que sólo puede redundar en un empeoramiento de la situación.
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Sin embargo, el déficit energético de China va a acentuarse aún más en los próximos años, si logra mantener el ritmo de crecimiento. Aunque su principal fuente de energía es el carbón, en una década ha pasado de necesitar 4,2 millones de barriles diarios de crudo a 8 millones, lo que le ha convertido ya en el segundo consumidor mundial. Y las estimaciones son que en 2014 necesitará al menos 11 millones. Hoy África ya aporta casi el 30% del crudo que China importa, así como importantes cantidades de reservas minerales (cobalto, cobre, níquel, platino, etc.).
El gigante asiático ha puesto también los ojos en América Latina, ya que tiene acuerdos energéticos y de abastecimiento de materias primas con Venezuela (petróleo), Brasil (petróleo), Argentina (soja), Ecuador (petróleo) y Perú y Chile (cobre y acero).

























