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30 may 2011

Sustituyendo al plástico por material ecológico

Vivimos envueltos en un mundo que depende del plástico, uno de los materiales más dañinos para el medio ambiente. Una botella de agua o un vaso desechable pueden tardar entre cien y mil años en ser asimilados de nuevo por la naturaleza. En el planeta se producen más de 100 millones de toneladas de plástico al año, de las que un 10% acaba en el mar.
Fuente de la imagen: despiertaalfuturo.blogspot.com
  
Ecovative, una empresa neoyorquina especializada en diseño ecológico, ha creado un plástico natural y biodegradable, el EcoCradle, a partir de las fibras de los hongos, los micelios, mezcladas con desechos de plantas de procesamiento de algodón. El plástico a base de hongos ideado por unos exalumnos del Instituto Politécnico Rensselaer (EEUU) es altamente biodegradable y se reintegra en el ecosistema en un plazo de entre tres meses y un año.

Ecovative firmó un acuerdo con el gigante de la informática Dell para convertir en sostenible el embalaje de sus ordenadores. Además, hace sólo unos días, la compañía automovilística Ford anunció que utilizará en sus vehículos el otro gran producto de Ecovative, el Greensulate, un aislante de fibras de hongos que es más barato, ecológico y ligero que las espumas tradicionales, además de ignífugo.

La industria automovilística también podría sufrir un cambio radical si un grupo de científicos brasileños con base en EEUU culmina con éxito el desarrollo de fibras de nanocelulosa a partir de limones, piñas y plátanos. Este compuesto frutal reciclable, similar al plástico y tan duro como el Kevlar, podría usarse para diseñar piezas de vehículos.

YiqiYang, profesor de Bioingeniería de la Universidad de Nebraska, se ha propuesto que los millones de plumas de aves que acaban en la basura cada año se conviertan en los sustitutos del petróleo. Las plumas, como las uñas o el pelo, están compuestas principalmente por queratina, una proteína que, aplicada a la actual fórmula de fabricación de plásticos, podría aumentar su fuerza y reducir su peso.

Leído en publico.es

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8 jun 2008

En la ciudad deja tu automóvil en casa

atascazoLa construcción de autopistas urbanas y estacionamientos en el centro permitió que el automóvil inundara las ciudades. Evidentemente, fue un error: las calles se convirtieron en carreteras, las plazas en aparcamientos. Peatones y ciclistas están en continuo peligro; la salud de los residentes urbanos se encuentra amenazada. La congestión de las vías públicas castiga a las empresas y bloquea los autobuses; el tráfico urbano provoca en el sector la mitad del derroche de petróleo y de las emisiones de gases de efecto invernadero; las inversiones en obras viales consumen los presupuestos públicos. ¿Qué soluciones hay?

En principio, hay que poner fin al subdesarrollo del transporte colectivo que, como los problemas viales, castiga primero a las familias más modestas. Los medios técnicos disponibles ofrecen una amplia variedad de opciones: desde el tranvía al minibús eléctrico. Pero no basta sólo con invertir: la calidad del servicio es necesaria para atraer al automovilista.

El transporte colectivo no responde a todas las necesidades de desplazamiento en la ciudad. Deben promoverse el hábito de caminar y el uso de la bicicleta. En Amsterdam y Copenhague, los ciclistas son tan numerosos como los usuarios del transporte colectivo.

Es indispensable una política coherente, que fomente una progresiva reducción del espacio público accesible al automóvil, para circular y para estacionar, así como la velocidad autorizada. Hay que dejar de construir nuevas vías y estacionamientos en las ciudades. Hay que aminorar la circulación de automóviles y reconquistar la red vial para los peatones, los ciclistas y el transporte colectivo: limitar la velocidad a 80 o 70 km/h. en las autopistas urbanas ("autopistas tranquilas"), transformar las arterias en bulevares urbanos y los barrios residenciales en zonas de 30 km/h.

La gestión del uso del automóvil en la ciudad incluye también medidas económicas. El coste del estacionamiento de pago debe aumentarse. Pero se requiere ir más lejos e introducir el peaje urbano y destinar la recaudación al transporte colectivo.

Por último, hay que tratar de "desmotorizar" a los residentes urbanos, promoviendo el uso compartido de los coches.

Extracto del artículo del Atlas medioambiental.

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