
En principio, hay que poner fin al subdesarrollo del transporte colectivo que, como los problemas viales, castiga primero a las familias más modestas. Los medios técnicos disponibles ofrecen una amplia variedad de opciones: desde el tranvía al minibús eléctrico. Pero no basta sólo con invertir: la calidad del servicio es necesaria para atraer al automovilista.
El transporte colectivo no responde a todas las necesidades de desplazamiento en la ciudad. Deben promoverse el hábito de caminar y el uso de la bicicleta. En Amsterdam y Copenhague, los ciclistas son tan numerosos como los usuarios del transporte colectivo.
Es indispensable una política coherente, que fomente una progresiva reducción del espacio público accesible al automóvil, para circular y para estacionar, así como la velocidad autorizada. Hay que dejar de construir nuevas vías y estacionamientos en las ciudades. Hay que aminorar la circulación de automóviles y reconquistar la red vial para los peatones, los ciclistas y el transporte colectivo: limitar la velocidad a 80 o 70 km/h. en las autopistas urbanas ("autopistas tranquilas"), transformar las arterias en bulevares urbanos y los barrios residenciales en zonas de 30 km/h.
La gestión del uso del automóvil en la ciudad incluye también medidas económicas. El coste del estacionamiento de pago debe aumentarse. Pero se requiere ir más lejos e introducir el peaje urbano y destinar la recaudación al transporte colectivo.
Por último, hay que tratar de "desmotorizar" a los residentes urbanos, promoviendo el uso compartido de los coches.
Extracto del artículo del Atlas medioambiental.

1 comentario:
Muy interesante ese concepto de "autopistas tranquilas".
"Limitar la velocidad a 70km/h en las autopistas urbanas (“autopistas tranquilas”)"
Atlas Medioambiental Monde Diplomatique, 2008, pag. 79.
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