18 oct. 2016

La tozudez de la especie humana

Tangshan después del terremoto
Tangshan, como la mayor parte de China, está situada en una zona sísmica: cuatro terremotos de cierta consideración se habían producido desde 1966, pero nunca uno de gran magnitud, por lo cual las construcciones no habían sido reforzadas contra los terremotos. Sin embargo, el 28 de julio de 1976, sin ninguna clase de aviso, un temblor de foco muy somero sacudió la tierra, prácticamente debajo mismo de la ciudad. Las vibraciones fueron tan brutales que el suelo se deformó como si fuese un líquido. De los 350 edificios altos que había en la ciudad, 117 se derrumbaron por completo, y otros 80 parcialmente: las fotografías muestran los pisos de cemento amontonados unos sobre otros, como si las paredes se hubiesen evaporado.
Tangshan en la actualidad

Veinte puentes se desplomaron o quedaron inutilizables, siete trenes descarrilaron, y hubo que demoler con explosivos cuatro altos hornos porque, sin agua ni electricidad, el acero que contenían se solidificó. Las autoridades chinas declararon 240.000 muertos, pero estimaciones extraoficiales cifraron las víctimas en un número tres veces mayor. Tangshan ha sido reconstruida en el mismo lugar.

 Un mapa de riesgo totalmente acertado precediendo a una erupción previsible (por repetida), sucedió en el volcán Nevado del Ruiz, en Colombia, en 1985. El 13 de noviembre, una pequeña erupción fundió parte del glaciar que coronaba el volcán, y el agua de la fusión formó un torrente de fango que sepultó la pequeña ciudad de Armero, situada a 50 kilómetros aguas abajo del volcán, en la que se ahogaron 20.000 de sus 29.000 habitantes.

En esta catástrofe, la ironía estuvo en que los vulcanólogos colombianos acababan de editar un mapa de riesgo donde preveían con gran precisión los tipos, alcance y magnitud del peligro. Pero además, la zona había sido devastada por coladas de fango aún mayores otras dos veces en tiempos históricos (1595 y 1845), antes de la fundación de Armero; de hecho, la ciudad estaba construida sobre los depósitos de esta última avalancha. De forma que no hubo ninguna sorpresa, pero en este caso las autoridades no quisieron arriesgarse a evacuar la población, ante el riesgo de una falsa alarma.
Armero, antes y después de la catástrofe

Como Tangshan, Armero ya se ha reconstruido, también sobre los restos de la anterior ciudad. Como Managua, destruida repetidamente por seísmos, o como el puerto de El Callao, cerca de Lima, devastado una y otra vez por tsunamis. ¿Es que Homo sapiens es incapaz de aprender nada de los avisos de la Tierra?

La realidad es que la elección de los asentamientos de la población obedece a la lógica de lo cotidiano, no de lo excepcional. Nuestros antepasados se establecieron junto a los recursos primarios: agua y suelo cultivable. Las inundaciones de los ríos no les hicieron buscar otro lugar, sino intentar domesticar los ríos mediante su encauzamiento. El problema es que aún no hemos aprendido a domesticar los volcanes ni las fallas. En todo caso, vivimos en un mundo superpoblado donde la gente ya no puede elegir libremente dónde vivir, como sucedía hace unos siglos: si alguien evacuase un lugar por peligroso, otros menos conscientes o más desesperados ocuparían inmediatamente su sitio.


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