Leo en la revista Agenda viva, de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente, un artículo muy interesante sobre la llamada contaminación electromagnética (CEM) y su posible repercusión sobre la salud de las personas. Dicha contaminación ha experimentado un incremento espectacular en los últimos años debido al desarrollo de las redes de comunicaciones y de sus infraestructuras asociadas.En el debate científico sobre este tipo de contaminación hay una gran polémica: Por una parte, un sector de investigadores plantea la no existencia de riesgo para la salud siempre que se cumplan los criterios de niveles del ICNIRP, la OMS y la normativa estatal vigente en España. Por otra parte, otros investigadores plantean la existencia de riesgos biológicos incluso a niveles muy bajos, siendo necesaria una revisión profunda de los niveles a que está expuesta la ciudadanía y de la normativa aplicable respecto de la salud pública.
Me da vergüenza de pertenecer a una especie que se dedica a esquilmar poblaciones enteras de otras especies y de una forma tan cruel como las matanzas de crías de focas que ocurren sistemáticamente para el aprovechamiento de sus pieles.







